martes 11 de noviembre de 2008

Francisco Tario [Pájaro azul-Octubre 2008]

Una inercia conjura las distancias, y entonces sucede. Los nudos resultan voces; las sombras resultan cuerpos. Los silencios palabras. Los segundos gotas. Las tormentas destinos. Las cortinas ventanas. Las aves nubes. La tarde años. Y la línea esa, invisible, nos pone ahí (aquí), ahora, o allá (también aquí (ahí), ahora), donde pasará eso. Aquello que habrá de liberar los ecos. Una suerte de incubación que aleja el humo de los rostros. Donde se olvida aquello que eran gritos. Donde los pasos silenciosos han llegado a la cima. Y todo parece cambiar de sitio. El orden se completa. Las bocas hablan de lo que ignoraban. Los sitios vacíos se ocupan. Los cuerpos se cubren de arena. Los prisioneros se liberan. Los muros cambian, se derriban. Los pasos se detienen. Y surge aquello que estaba oculto. Que era ignorado. Que estaba perdido. El laberinto muestra su salida. Y es necesario, quizá, que haya ojos que encuentren ese sitio. Ese espacio libre en medio de la (efímera) frondosidad.

Así mismo le ha sucedido a la obra de Francisco Tario (seudónimo de Francisco Peláez; 1911-1977). Que, luego de sobrevivir al arrinconamiento al que fue condenado, por no ponderar a corriente alguna, (dedicándose a crear todo un mundo personal que lo llevó a explorar el teatro, la novela, el cuento, y los aforismos), es considerado ahora como uno de los escritores de culto que ha transcendido a pesar de su poca reedición. Durante años tuvo tan sólo un grupo de aficionados que lo mantuvieron en alto, en un espacio de lo más lejano al que pocos alcanzaban a llegar. Sin embargo, a últimas fechas se ha redescubierto su obra. La inercia le ha dado su lugar. El verdadero peso de sus historias, de sus letras, lo ha colocado en el centro. Y así se ha abierto el camino para que muchos otros lo encuentren y se adentren a ese espacio donde es posible encontrar una percepción realmente original.
Por demás sería inútil intentar describir su obra, o clasificarla. No. Como leí por ahí, lo mejor que se puede hacer por Tario es leerlo y conocerlo. Y para eso, afortunadamente, ahora sus cuentos completos han sido reeditados por Lectorum en dos tomos. De estos extraigo un cuento y una colección de minificciones para despertar la curiosidad, y que se den la oportunidad de leer por entero los cuentos de uno de los más grandes escritores que ha tenido México; aunque por mucho tiempo haya sido ignorado.

Jonathan Minila
jminila@hotmail.com

[Da click en los títulos para leer]

Cuento:

“La noche del perro”

Minificciones:

“Música de cabaret”