Diré lo mismo. Una serie de pasos me arrastraron hasta aquí. Unas voces que me empujan siempre, y la esperanza de lograr entender por qué nada cambia. Pues claro, estoy seguro que de nada valdría caminar en sentido contrario, o morder un gato para que me arañara el rostro. Eso también lo habría hecho ya, antes o no, pues de cualquier modo seguiría aquí, en este sitio, diciendo lo mismo. Sólo busco la salida entre las letras que quedan aquí para repetirme, y repetir lo mismo; para hacerme venir una y otra vez del mismo modo. Dejándome así, con esta esperanza de que las palabras lo concilien todo. Aunque sé que no es suficiente. Se necesita más. Pues quién podría decir que no todo esto es falso, o que no he mordido un gato realmente. Imposible. Es necesario buscar. Saltar lejos de las palabras, puras, simples, que no siempre logran encontrar su sitio; que, como ahora, tampoco habrán de ayudarme. Pues seguiré diciendo lo mismo, utilizándolas, y llegando a una fina sensación que se borra. Y entonces creo que todo seguirá así, hasta que logremos entender. Porque luego, quizá, la vida podrá mostrarnos ese otro perfil; cuando entendamos que los ojos también son bocas, y los brazos, y las imágenes palabras. Y que desde luego, eso es sólo algo más de la vida que nos tiene aquí. Jonathan Minila
Dejo por acá tres fabulosos cortometrajes de la animadora, ilustradora, y cineasta checa Michaela Pavlátová que, como dictan las buenas aplicaciones del cine, apuesta la fuerza de sus historias a lo visual, sin necesidad de palabras. Por lo que cualquiera puede entender perfectamente estas animaciones que rozan aspectos muy sensibles de la humanidad. La dependencia, el vacío, la rutina; la vulnerabilidad de las palabras, el poco entendimiento, las obsesiones, lo oscuro. Arrancando, como siempre, las máscaras que ocultan los verdaderos rostros.
Y como no es necesario decir más, nos quedamos con la genialidad de Michaela Pavlátová que tiene mucho, mucho que decir.
REPETE
RECI, RECI, RECI...















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