"Cuando un verdadero genio aparece en el mundo,lo reconoceréis por este signo:
todos los necios se conjuran contra él"
Jonathan Swift
Al final todo es arena. Gira, se pierde, cambia de forma. El presente avanza, y el tiempo con pies de roca lo aplasta todo. Nos entregamos creyendo generar un absoluto, y a veces así es; otras no ¿cómo saberlo? Un movimiento, una acción modifica el resultado. Aldous Huxley parafrasea en “Contrapunto” refiriéndose al presente: “El instante moviente que, según Sir Isaac Newton, separa el pasado infinito del futuro infinito, avanza inexorablemente a través de la dimensión del tiempo. O bien, si Aristóteles dijo verdad, un poco más de lo posible se hacía real a cada instante; el presente estaba quieto y atraía al futuro como un hombre que sorbiera sin cesar un macarrón interminable.” Y ese instante, ese presente algunas veces puede resultar tan terrible. Se quisiera poder correr sobre el tablero, obligarlo, someterlo. Se trabaja hoy, se vive hoy, ¿y el que escuchará esta voz? ¿cuándo se encuentra? Hay veces que no llega; no aparece (y nos hace creer en el silencio definitivo). Aunque de verdad esté ella, en un espacio imperceptible. Entonces se espera sin que aparezca jamás, o se busca en algún otro sitio. En la sombra, en la oscuridad, en el adiós. Y no obstante, sin saberlo, todo se genera (en su propio presente). Hay movimientos que son necesarios para que los cuerpos bailen, para que las bocas se muevan, para que los hombres escuchen, para que lo esperado llegue. ¿Sin eso? Nada. Todo queda así, en una pausa eterna. Haciendo necesario a veces cerrar los ojos (yendo al extranjero que puede ser la muerte) para que los motores arranquen, aunque paradójicamente esa desaparición no nos permita mirar lo deseado; y sin embargo sucede; aquello sucede. ¡A cuántos les ha pasado igual!
Para ejemplo de lo anterior, y también del tema que últimamente he venido arrastrando, la dualidad, y unirlos en un eslabón digno, traigo el caso de nuestro “pájaro azul” del mes: John Kennedy Toole. Quien a pesar de su trágico final, que parece ir en sentido contrario del humor que contiene su conocida novela “La conjura de los necios”, se ha colocado como un importante icono de la literatura americana; sin que él mismo se enterara de ello, pues se suicido en el año 1969 (poniendo un extremo de una manguera en el escape de su coche y el otro en la ventanilla del conductor). Las razones de esto son inciertas, pues algunos suponen que fue la depresión de nunca haber visto su novela aceptada por ninguna editorial (Toole envió su manuscrito a Simon and Schuster; quienes lo rechazaron diciendo que el libro "no trataba realmente de nada"); aunque otros piensan que su depresión tuvo que ver con su falta de definición sexual. No obstante, el hecho (el suicidio), cambió todo y generó el fenómeno que produciría su novela. Luego de la muerte de John, su madre se dedicó a promover el manuscrito, hasta que el autor Walker Percy quedó fascinado con el libro. Finalmente su publicó en 1980, y en el año 1981 recibió el Premio Pullitzer (así como también el premio a la mejor novela de lengua extranjera en Francia). Posteriormente, en el año 1989, a raíz de la imagen de Toole, se publica otra novela que ni él mismo, jamás, intentó publicar, pues la escribió cuando aún era muy joven: "La Biblia de Neón". No obstante, el éxito de "La conjura de los necios" fue en extremo un fenómeno, al punto de que en Nueva Orleas existe una estatua del famoso personaje de la novela: Ignatius Reilly; del que no diré demasiado, pues me gustaría que lo descubrieran personalmente, y se divirtieran con la imagen única de este hombre extremo, que es considerado como uno de los personajes mejor desarrollados en la historia de la literatura, al punto de ser comparado con Don Quijote.
Novela inteligente, desternillante y de una crítica mordaz a la cultura Americana de la clase media, que encierra su halo de amargura y es impulsada por el vértigo de los acontecimientos que sufre el curioso protagonista: un hombre gordo, de poco más de treinta años, (caracterizado por su extravagante abrigo y un gorro inconfundible) que vive con su madre, en una casa derrotada, ocupando él una habitación sucia; y que asegura, desde luego, ser poseedor de una genialidad intelectual superior, la cual lo separa del mundo del que no quiere saber nada; hasta que ciertos hechos lo llevan a enfrentarse a él entre inesperados acontecimientos que nos regalan una comedia única.
Ya he escuchado varias veces que "El humor es la forma superior de la inteligencia". Y también pienso que el humor puede llegar ser una forma de ocultar algún sentimiento profundo, torturante. Y por eso me pregunto: ¿hasta qué punto aquella dualidad de humor, y tristeza puede llegar a ser soportable? Más cuando la máscara se siente derrotada por la pesada realidad operante en esta sociedad que, muchas veces, parece condenarnos al egoísmo de algunos pocos. Es entonces cuando parece necesario gritar, o morir. Y lástima que sea así; pues en otro caso quizá hubiéramos tenido mucho más de éste, nuestro "pájaro azul" de Junio: John Kennedy Toole.
Jonathan Minila
jminila@hotmail.com
Para dejar la palabrería de lado y mirar el lado simpático de esto. Los envío a un blog en el que aparece un grandioso fragmento de la novela: “La conjura de los necios”.
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