miércoles 11 de junio de 2008

Querido B.

"Estoy mal, ahora. Mañana, o dentro de un tiempo seguiré"

[Las voces]

Con poca vida, pero aquí estoy y digo:

Antes podía preocuparme soñar con la muerte, con una cruz hecha de ramas, y querer por todos los medios escribir sobre eso, o sobre aquellas imágenes casi incomprensibles que me devoran el ojo izquierdo. Ahora no. En la búsqueda de mi voz encontré la fidelidad hacía mis pesadillas. Hacia aquellas formas sin rostro, sin pies, que pugnan por salir como gusanos. Es mi modo. Hacer caso de aquellas sombras, de aquellos ecos. Arrancarme la piel.
¿Escribir sobre cualquier cosa? Error. Hay que mostrar el cáncer. Hay que vomitar los gritos que nos derrotan. No se trata de contar simples historias; se trata de brotar ahí, de entregarnos. No hacer caso de los hombres que dicen: cambia. Pues jamás podrán entender. Nos miran de cerca, nos creen iguales, inferiores; se atreven a juzgar. Y no debe interesarnos. Por que ustedes, sí, saben que existe aquello que nos forma, que nos perfila, que nos hace, que son nuestros demonios. Es aquello lo que se debe dar. Es lo que debe flotar entre las letras, entre las historias. Lo que interesa. No para esos que se creen superiores, sino para otros, como yo, como tú, que buscamos los caminos al infierno, a la exorcización. ¿Qué otra cosa puede ser más fiel a nosotros mismos? ¿Qué mayor transparencia? Por eso la verdadera justicia, como dice Sabato, sólo podrá ser recibida de seres excepcionales, dotados de modestia y sensibilidad, de lucidez y generosa comprensión. ¡Cuántas veces los otros, esos, han querido aplastarnos! Esos que no entienden que "el arte comparte la misma raíz psicológica que los sueños". Donde somos verdaderamente libres; donde aún no llegan aquellas garras de la realidad impuesta que nos quiere frenar. ¿Por qué no ir por otros caminos? ¿Por qué no hacerlo por los nuestros, por el tuyo; por ese donde se escucha tu nombre entre gritos desgarradores? No te detengas; no voltees atrás. Atrévete a enfrentarte. Atrévete a mirarte a los ojos, a resurgir. Enseña lo que eres. Siéntete libre. Sufrirás, claro. Y si te da miedo: ¿entonces qué haces aquí? Allá está el otro sitio, el lugar de las cosas fáciles. El mundo de la materia, de lo simple, de lo falso, de los ciegos. Por que aquí se sufre, se llora, se busca. Sin rendición, sin freno. Hasta alcanzar el sitio aquel, cualquiera, ese, donde se continuará con otros sufrimientos. Y qué importa. Qué importa más que flotar en nosotros mismos. Por que habrá otros, como yo, como tú, que sigan, que estén, que entiendan, que luchen; que aprecien los sonidos de esa voz.

Jonathan Minila

Y por que muchos por aquí somos “B.” y necesitamos saber que alguien, quizá al final, tras las fronteras de la vida y la muerte, físicas, o espirituales, puede entender ese extracto de nosotros; traigo las palabras de un hombre que lo comprende y lo muestra en el siguiente texto, fragmento de su novela (que junto a “Sobre héroes y tumbas” me ha llenado profundamente): “Abaddón, el exterminador”: Ernesto Sabato.

video

Para leer el texto da click aquí

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Oye, tu sitio me gusta cada vez más...

Jonathan Minila dijo...

Muchas gracias; ahí seguiremos haciendo lo posible para mantenerlo de pie a pesar de todo. Un abrazo virtual.
JM

Anónimo dijo...

Buenísimo, JON: Sabato es un gran autor, este fragmento es brutal. También disfruto mucho pasar por el "Pájaro azul" y dejarte un trocito de ala. Ya nos veremos... DC

Jonathan Minila dijo...

De verdad que es un fragmento brutal, y bueno... gracias por seguir pasando por aquí, y por todo... nos vemos pronto. :)