“El tema es la nada, el hombre al borde del vacío;Literatura sobre gente insignificante. Asume la condición fatal de los hombres”.
Octavio Paz sobre “El libro vacío”
Las palabras. Vínculos a un instante, a una idea. Saltan, dan vueltas. Entran en cada uno, y se forman ahí, dentro, donde todo tiene un color propio, una voz, una piel. Diferente en cada uno, en cada cuerpo, en cada sensación. Trémulas en la diversidad andan, nos convierten, nos derrotan; giran ante las posibilidades de una realidad que se extiende, que nos sumerge. Nos anidan en lo posible, en lo imposible; alzándose, cayéndonos encima. Todo sucede entonces. El perro vuela, la mujer resucita, el niño se come a su madre. O también, por qué no, a veces no pasa absolutamente nada. Las piedras se quedan quietas, silenciosas, exactamente en el sitio que les tocó nacer. Sin embargo hay quién traslada aquella quietud también a una hoja, a una mente. Es la magia de las letras que cargan imágenes, hechos, pensamientos, demonios. Y todo se siente; todo nace en un espacio posible, donde cada uno coloca los objetos, los rostros, los hechos. ¿De dónde salta todo? Es una combinación de sucesos. Un encuentro; una posibilidad. El resumen de fuerzas que se encuentran. ¿Qué son las letras sin ojos que las puedan hacer flotar, caer, para formar colores, palabras, imágenes? Monstruos. ¿Qué son al quedarse quietas dentro de aquel que necesita decir algo y no sabe cómo, y las traga, las mastica sin poder dejarlas escapar? Asesinos. Se adueñan de ese ser; se extienden por su cuerpo, en los brazos, en las piernas. Hasta lanzarlo a aquella terrible nada a la que cada uno pertenece. Y sin embargo la necesidad se vuelve una obsesión, una angustia. Sin pensar que también, quizá, pueda ser ese el camino para decirlo todo, para gritar; para escupir y arrancarse los dientes. Es entonces que aquella aparente vaciedad lo dice todo; como los silencios compartidos, o las voces del viento. Y es precisamente de esa observación que nuestra Ave Azul del mes, Josefina Vicens [México 1911 – 1988], autora de tan sólo dos novelas [El libro vacío (1958, Premio Xavier Villaurrutia) y Los años falsos (1983)] nos sumerge en una historia que, en apariencia, no dice nada, que es un vacío, aunque, digámoslo ya, es todo lo contrario; pues es precisamente de esa ausencia formada por letras, que entramos a la terrible angustia de un hombre, José García, sumergido en el infierno que es el proceso de escribir, o de no hacerlo. Introspección a un mundo ordinario, aunque poético, donde el énfasis por salir de ese abismo, escribir, lo lleva paradójicamente a lo contrario: a escribir una especie diario donde se mueve él mismo, y nosotros, conociendo así el contenido en la vida de ese hombre mediocre condenado a sombras insignificantes. Es así que todo lo que está más allá de su interior se derrumba, dejando su lucha perdida en un campo solitario, donde sólo puede enfrentarse a sí mismo a través de sus confesiones y sus meditaciones; como, claro, a muchos nos ha pasado.
Jonathan Minila
Por aquí les dejo un fragmento de esta maravillosa novela:
[Da click en el título para leer]















2 comentarios:
Tal vez causalidad.como decias mas abajo.encontré un espejo (o un eco)
que contenta estoy!
quisiera leer todo el libro ya!
y de paso descubri este espacio... un nuevo sendero pa visitar,
saludos!
Exacto. resulta que las palabras son ecos y nos encuentran como si fuéramos el origen, o al revés. Hay tanta magia.
Me da mucha alegría tu entusiasmo por el libro, y ojalá que lo consigas pronto.
No dejes de pasar por éste tu espacio.
Abrazo.
Publicar un comentario en la entrada