Bien podría decirse que el silencio dice más y contiene más, o que pocas palabras a veces lo dicen todo. Borges lo comprendió así y se fundió en aquella paradoja. Y es quizá por ello que jamás escribió una novela, pues sabía que lo contenido en tantas hojas podía resumirse en pocas líneas. Estoy de acuerdo; y sin embargo también hay que pensar que el cuento es “elástico”. Puede extenderse hasta los límites de la novela corta, o reducirse hasta lo mínimo, es decir a la máxima brevedad (interesante juego de palabras que podría resumirlo todo). Por lo que, descontando las formas ya definidas, o más o menos definidas por la tradición: la viñeta, el poema en prosa, el aforismo, la anécdota, el chiste, el ejemplo, la parábola; tenemos desde luego el minicuento, con las mismas características, o similares al cuento, aunque mucho más breve, y que no obstante ha venido luchando por definirse como un género, o ser reconocido como tal: La minificción. Y al perecer se está ganando su lugar en este mundo de brevedades, de palabras cortas, de miradas fugaces, de momentos mínimos, de velocidad, de vidas apresuradas. Por que a veces se necesita así, y es un modo de expresar, de contar historias, de leer. Merece su lugar, y lo tiene, por que hay quienes luchan por mantenerlo, por formarlo, por levantarlo. Existen proyectos latentes, y representantes serios. En Hispanoamérica se ha ejercido mucho en la segunda mitad del siglo veinte, y en los últimos años ha proliferado el género por el mundo; tanto que sería imposible calcular el número de antologías publicadas. En la red, por ejemplo, existen varios proyectos interesantes que intentan mantener al género, aunque a veces parezca desvirtuarse al ser pensado como algo sencillo y de fácil concepción (como a veces le sucede al poema). Sin embargo, detrás la minificción se mantiene una complejidad, y un compromiso, y aunque creo más en la libertad de creación, también bases que lo definen. ¿No resulta entonces más complejo decir mucho en pocas palabras? Sí, en cierto sentido. Un ejemplo es el “story line” en guión, donde lo más complicado, creo, es resumir toda la idea en 5 líneas. Lo mismo acá. Pues como el cuento y la novela (a sus respectivas proporciones), la minificción define ciertos aspectos de la realidad, de la irrealidad, de lo onírico, y sin límites, creando mundos en pocas palabras y formando contextos que quedan detrás de una prosa sencilla pero ingeniosa, poética y a la vez concisa, segura, y definida donde, como creo que debe ser, su poder de sugerencia permite más de una interpretación. Por lo tanto la minificción depende mucho del lector, de su capacidad imaginativa, intuitiva, deductiva, y abierta ante el mundo en miniatura que se le entrega. Sin embargo el autor lleva la responsabilidad de abrir ventanas a realidades nuevas, coherentes dentro de su contexto, verosímiles y trascendentes (como desde luego no en todos los casos se logra). Por eso la minificción es difícil. Y pienso ¿no somos nosotros mismos una “microforma” de la vida que en conjunto podríamos descifrarla casi en su totalidad? Así es la vida. ¿O no es cierto que, como en ella, en el final de un micro-relato sea frecuente descubrir una verdad o una paradoja? También se juega con la razón y la intuición, y, ante todo con la capacidad expresiva del lenguaje, además de con ciertos elementos de anarquía intelectual, espiritual y con variados recursos narrativos para sorprender al lector con un despliegue de ideas, de palabras, o un punto de vista insospechado.Pero no nos extendamos más. Ya aquí antes, si no había hablado al respecto, sí había dejado algunas muestras de minificción con cuentos extraídos del “Libro de la imaginación”: Termindor / Acumulación / Dos de la imaginación. Sin embargo lo que traigo ahora es un cuento titulado “La hormiga” del libro “falsificaciones” de Marco Denevi; que en pocas líneas define un aspecto muy preocupante de la humanidad. Ya lo podrán ver.
Disfruten la lectura.
Jonathan Minila
jminila@hotmail.com
[Da click en el título para leer]
“La hormiga”















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