
Teatro, cine, literatura; todos medios para contar una historia, para comunicar, para plasmar la realidad, para distorsionarla, para derrotarla, para homenajearla, pare embriagarla, para alejarnos de ella. La narrativa nos separa, nos encuentra, nos repite, nos devora. Los tres medios se afirman ahí, de modo similar aunque de distintas maneras; con diferentes conductos. Las sensaciones, los mundos, las palabras, las situaciones. ¿Qué buscamos los que contamos historias? ¿Cambiar los pensamientos? ¿Sensibilizar? ¿Ayudar a escapar de la realidad? ¿Inundarnos de ella? De alguna manera lo que en verdad queremos (lo aceptemos o no) es “cambiar este puto mundo". Queremos voltearlo de cabeza, hacerlo girar al revés, y explorar sus límites, sus espacios, sus imposibles. Caminamos de modo distinto, vemos con otros ojos, todo lo sufrimos. Las palabras rebotan, nos inundan, y los acontecimientos nos desquician, la crueldad, la agudeza, lo imposible. ¿Enfermedad? Y sin embargo ahí estamos, como siempre ha sido, y como habrá de seguir siendo. Hombres dispuestos a andar por los campos de lo terrible, de lo onírico, de lo real, de los rostros, de los espejos, de todo lo que pueda quedar aquí, como lo inimaginable. ¿Y luego? Utopías. Nos desquiciamos, arrancamos los ojos, y todo continúa sin detenerse, lejos, detrás del muro. No obstante continúa el reflejo, el escape, la abstracción. El muro es un telón que se abre, y nos lleva, y que no sólo está sobre un escenario, sino entre los ojos que se oscurecen por el engaño, por lo cotidiano. Y ahí están los locos dispuestos a luchar sin otra causa que una suave recompensa, un escape momentáneo, una breve reconciliación resumida en aplauso, en sonrisa, en nunca volver. Métodos existen. La palabra escrita, las imágenes, la representación. Poema, cuento, novela… Fotografía, cine, pintura… Teatro, performance, danza… La perversión busca alterarlo todo, derrotarlo, pero todo sigue por que hay quien busca, explora, no se deja consumir. Editoriales independientes, cineastas, teatro. Se sufre, se cae, se consume. Igual lo contrario. Al extremo.
En México y en el mundo hay bajo las capas de lo comercial, de lo popular, de la fama, hombres y mujeres que luchan en la clandestinidad por colocar su visión, su arte, sus obsesiones. Teatro independiente hay por montones aunque no lo parezca, donde no se busca la remuneración sino sólo esa recompensa (ya he dicho cuál) para la lucha que quizá parezca inútil para muchos (enfermos, ellos sí, de falsos prejuicios), pero que es la más trascendente por que se guarda en un sitio que nadie más puede sentir. He estado involucrado y conozco la dificultad, lo terrible, y el sufrimiento. Es por eso que traigo esta recomendación, donde se mezclan el teatro y el cine, perfecto para aquellos teatreros independientes, cineastas, escritores, y también para todas aquellas personas dispuestas a escapar del mundo que no les permite levantar el telón que está en cualquier sitio, en la calle, en lo inesperado, y que podrá ser una forma de entender ese mundo subterráneo, donde algunos pocos (Jodorowsky fue uno de aquellos en explorar y tumbar las barreras del teatro para llevarlo a la calle (tema que quiero tratar más tarde) donde experimenta y creo que se dan los principios del performace) rompen los límites, y salen a las calles para entregar a esas personas sumergidas en la cotidianeidad ese teatro al que no son capaces de asistir. El mundo de lo independiente, lo callejero, lo subterráneo, de la experimentación.
El nombre de la película española es “Noviembre” (2003) del director Achero Mañas, donde un joven idealista (como todos aquellos que están para cambiar el mundo) forma un grupo de teatro independiente llamado “Noviembre” que rompe los muros y se enfrenta al público cara a cara en las calles sin cobrar una sola moneda, haciéndolo sólo por el placer del teatro, del verdadero teatro.
Ya antes había dicho que “una representación consta sólo de dos elementos esenciales: actores y público”. ¿Qué sucede entonces en un mundo donde la gente ya no está dispuesta a asistir al teatro? ¿Se debe quedar encerrado, en el sufrimiento? ¿Debe explorar? ¿Salir a las calles? ¿Modificarse? ¿Experimentar?
Esta película es una gran motivación, precisa, para todos aquellos de ese teatro independiente sufrido (casi un homenaje), buscadores de lo imposible, idealistas, contadores de historias; aunque también para aquellos que no terminan de comprender a los muchos que quisiéramos, e intentamos de una forma o de otra, cambiar este puto mundo.
Jonathan Minila
jminila@hotmail.com
Aquí el trailer:
En México y en el mundo hay bajo las capas de lo comercial, de lo popular, de la fama, hombres y mujeres que luchan en la clandestinidad por colocar su visión, su arte, sus obsesiones. Teatro independiente hay por montones aunque no lo parezca, donde no se busca la remuneración sino sólo esa recompensa (ya he dicho cuál) para la lucha que quizá parezca inútil para muchos (enfermos, ellos sí, de falsos prejuicios), pero que es la más trascendente por que se guarda en un sitio que nadie más puede sentir. He estado involucrado y conozco la dificultad, lo terrible, y el sufrimiento. Es por eso que traigo esta recomendación, donde se mezclan el teatro y el cine, perfecto para aquellos teatreros independientes, cineastas, escritores, y también para todas aquellas personas dispuestas a escapar del mundo que no les permite levantar el telón que está en cualquier sitio, en la calle, en lo inesperado, y que podrá ser una forma de entender ese mundo subterráneo, donde algunos pocos (Jodorowsky fue uno de aquellos en explorar y tumbar las barreras del teatro para llevarlo a la calle (tema que quiero tratar más tarde) donde experimenta y creo que se dan los principios del performace) rompen los límites, y salen a las calles para entregar a esas personas sumergidas en la cotidianeidad ese teatro al que no son capaces de asistir. El mundo de lo independiente, lo callejero, lo subterráneo, de la experimentación.
El nombre de la película española es “Noviembre” (2003) del director Achero Mañas, donde un joven idealista (como todos aquellos que están para cambiar el mundo) forma un grupo de teatro independiente llamado “Noviembre” que rompe los muros y se enfrenta al público cara a cara en las calles sin cobrar una sola moneda, haciéndolo sólo por el placer del teatro, del verdadero teatro.
Ya antes había dicho que “una representación consta sólo de dos elementos esenciales: actores y público”. ¿Qué sucede entonces en un mundo donde la gente ya no está dispuesta a asistir al teatro? ¿Se debe quedar encerrado, en el sufrimiento? ¿Debe explorar? ¿Salir a las calles? ¿Modificarse? ¿Experimentar?
Esta película es una gran motivación, precisa, para todos aquellos de ese teatro independiente sufrido (casi un homenaje), buscadores de lo imposible, idealistas, contadores de historias; aunque también para aquellos que no terminan de comprender a los muchos que quisiéramos, e intentamos de una forma o de otra, cambiar este puto mundo.
Jonathan Minila
jminila@hotmail.com
Aquí el trailer:















6 comentarios:
Aló, Jonathan, paso por aquí a darte las gracias por la reco de esta película, seguro que la busco muy pronto y te digo qué me pareció. Ojalá tengas un día muy hermoso... Te dejo el polvo que me resta... y un abrazo.
Un abrazo de regreso. Sí, busca la película que en verdad es buenísima. Bueno, ya tú me lo dirás y la comentaremos. Besos.
Este mundo necesita muchisimos mas Thespis... ahorita vengo, voy a clase de actuacion
Mariana
Mariana, gracias por escribir. A clases de actuación se ha dicho. De ahí se puede desarrollar toda una teoría, ¿no crees?
JM
Hay que cambiar este puto mundo ¿por que no?
Saludos John, me encanto este post donde tus manos tienen toda la razón.
¡A cambiarlo se ha dicho!
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