miércoles 21 de mayo de 2008

ENTRE CITAS Y AFORISMOS

Fuera (y no tanto) de la crisis literaria y educacional en que la sociedad parece estar estancada, por su falta de interés en la lectura y en la preparación (tema recurrente), existe un mundo literario en el cual todos participamos casi de manera imperceptible. Jóvenes, niños, ancianos, somos dados a repetir frases que hemos venido escuchando a lo largo de nuestra vida, sin que sepamos, y ni siquiera muchas veces tengamos la curiosidad de investigar, de dónde provienen, quién las dijo, y mucho menos (eso ya requiere un esfuerzo mayor) en qué momento el autor las expresó, de qué obra se han extraído, o si están siendo citadas correctamente. Entonces, la frase, la cita, queda ahí, en alto, como un fragmento, como un satélite, o como una puerta (falsa quizá, jamás podremos saberlo) a la obra entera de ese autor, como una muestra, o como un punto donde se encuentra la totalidad, pareciendo, o siendo realmente, la mayor referencia. A pesar de todo, el uso de frases pequeñas, de aforismos, de citas derivadas (en verdad o no) de grandes obras, etc, no es origen de la modernidad, ni mucho menos, aunque sí se denota ahora casi como todo un género literario del que ya se han hecho bastantes libros. Sin embargo, esto no tiene nada de nuevo. “El fragmento como obra no es un rasgo de la modernidad, sino de la prehistoria. Los primeros ensayos mínimos no fueron los apuntes románticos, "fragmentarios de nacimiento", ni las máximas de La Rochefoucauld, ni siquiera los aforismos de Heráclito y Demócrito: fueron los refranes, anteriores a la escritura.” Por lo que al aparecer el lenguaje escrito aquellos dichos y refranes son trasladados, extraídos, quizá modificados, tomados, rearmados, y así se trasladan de un sitio a otro siendo manipulados, alterados, agregados, disgregados, o como se diría vulgarmente manoseados, aunque sería más atinado decir para el caso, masticados. Del mismo modo como ahora se deforman las referencias de los clásicos, y también de autores contemporáneos, a los que revelamos, y a los que ponemos sobre sus nombres, dichos, frases, y aquellas reflexiones profundas que quizá, o no, les pertenecen, pero que rondan de lengua en lengua, de diente en diente, de generación en generación, deformándose, derrotándose, o intentando levantarse con dignidad. Y aunque parecería mentira que alrededor de esto pueda hacerse toda una reflexión. Traigo al sitio un texto del escritor Gabriel Zaid (Monterrey, Nuevo León, en 1934) en el que reflexiona alrededor de esto, y se da cuenta que "en el río de la tradición, muchas cosas van rodando revueltas: los microtextos orales de hace milenios y de hoy; los microtextos escritos: originales, recreados o transcritos, de autor conocido, desconocido o falsamente atribuido; las ruinas de textos largos (o no), de los cuales no quedan más que fragmentos, citas o referencias de otros; las compilaciones de frases escogidas; los aforismos profesionales (hipocráticos, legales, políticos y hasta de ingeniería de sistemas); las joyas literarias (de La Rochefoucauld a Cioran), la prosa fragmentaria moderna. El vaivén entre lo escuchado y lo leído, lo propio y lo citado, lo anónimo y lo autoral, lo viejo y lo nuevo, lo que fue originalmente breve o largo, hacen difícil la reconstrucción filológica, volviendo todo confuso".

Jonathan Minila

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[Publicado en "Letras libres" octubre 2003]

2 comentarios:

Anónimo dijo...

me encantó esta nota; ojalá pudieras poner pronto algunos ejemplos de aforismos. me encanta ese tema. saludos. Vir.

Jonathan Minila dijo...

En eso mismo estaba pensando. Prepararé, recoletaré, y propondré algunos ejemplos de aforismos muy pronto. Saludos de regreso. JM