“…Y si, en cuanto embrión sólo me había escuchado imperturbablemente a mí mismo y había contemplado mi imagen reflejada en las aguas maternas, con espíritu tanto más crítico atendía ahora a las primeras manifestaciones espontáneas de mis padres”.Amigos, si algo pudiera pedir este día, que nos viene perfecto para hablar del que este mes es nuestro “Pájaro azul”, sería precisamente entrar en la mente de este hombre, o en el mundo, o poder arrancar de la imaginación sus historias, o mejor aún mezclarlo todo hasta confundir la realidad y convertirla en otra, la mía, para poder volver, no por un instante sino por siempre, a tener tres años y quizá llamarme Oscar, y si no es mucho pedir también tener una voz virtuosa con la que pudiera romper los ventanales de alguna iglesia. Sin embargo, lo sé, nada de eso puede ser posible, y no obstante no me resigno a escribir esta nota sin pedir algo. Así que si algún amable lector aún ve en mí un alma de niño, puede regalarme un “Tambor de hojalata”.
De cualquier modo, mientras tanto, en lo que espero mi obsequio, les traigo a ustedes un presente que aunque podría parecer similar no lo es, pues éste viene envuelto entre las alas azules de un ave que habita dentro de la mente de uno de los escritores más grandiosos sobre la tierra, y que desde luego fue merecedor del premio nobel en el año 1999. Así que, arrastrando tantos detalles y guardándolos en un envase para revolverlos y mirar lo que resulta, no nos queda más que descubrir el nombre de nuestro escritor del mes (que ya casi resulta obvio), y entrar un poco en el mundo de este hombre que el día de hoy está aquí para darnos ese regalo grandioso que es su obra. Así que, amigos, no se diga más: nuestro autor del mes es el magnífico escritor alemán Günter Grass, nacido en Danzig (Gdansk), en 1927 que llega hasta nosotros hoy no por ocurrencia, sino por que ya llevaba tiempo queriendo hablar de él y este día me pareció la gran oportunidad. Pues qué mejor para abril que hablar del argumento de su primer y más grande novela “El tambor de hojalata”, historia considerada como un clásico del siglo XX, y que fue llevaba al cine con gran éxito también. Desarrollada en un contexto de gran agudeza donde resaltan los horrores del nazismo y que se erige como “un enorme fresco grotesco acerca de la condición humana”. Sin embargo no deja de tener aquel toque mágico que sólo podía surgir de una mente como la de Grass, donde un niño de tres años decide (al contrario de lo que cree su familia, al culpar de su condición a una caida que tuvo) dejar de crecer. Se nos presenta una narración difícil, de más de 600 páginas, hecha en primera persona por un hombre, el mismo Oscar, que desde el manicomio cuenta la historia de su vida que logra rememorar gracias al objeto que marcó su vida hasta el último momento: un tambor de hojalata. Sin embargo, a pesar de estos dos elementos que ya cargan la historia (o tres si consideramos el contexto en que se desarrolla, como ya dije en la época de los Nazis), se presenta otro elemento que vuelve la historia aún más maravillosa y que lleva a Oscar a una serie de sucesos que lo marcan y guían su camino: Tiene el don de modular la voz con un grito inmenso y agudo que hace saltar los cristales. Don que es parte importante en las aventuras vividas por él y sus amigos, cuando después de los tres años descubre que así puede canalizar su enojo.
“Mi obra era pues, de destrucción. Y lo que no lograba destruir con mi tambor, lo deshacía con mi voz. Así vine a iniciar, al lado de mis empresas de día contra la simetría de las tribunas, mi actividad nocturna: durante el invierno del treinta y seis al treinta y siete jugué al tentador”.
No obstante son muchos los temas que se encuentran dentro del “Tambor de Hojalata”. La infidelidad, lo siniestro, la culpabilidad, el desarraigo, la soledad, los límites a las convenciones sociales, el temor, los parámetros sociales de la locura; el olvido, el pasado, así como el desamparo de la Posguerra, tema frecuente en las obras de Grass. De ese modo Oscar Matzerath desdeña cada tabú de la sociedad que contempla desde su aislamiento, entregándose al lúcido vértigo, a la delirante inteligencia oculta tras su apariencia infantil, donde él, supuestamente anormal, es en definitiva el único sano en un mundo donde prevalecen las apariencias, las mentiras y los crímenes.
“Como ustedes habrán tenido ya ocasión de observar anteriormente, la forma más cómoda de considerar las cosas, o sea mi ángulo de comparación, hallábalo yo desde debajo de la mesa”.
De este modo es como Günter Grass construye esta magnífica obra llena de una crítica mordaz, de una ironía despiadada, y un espectacular sentido del humor que convierten a "El tambor de hojalata" en uno de los títulos más destacados de la historia de la literatura. Y al contrario de lo que podría pensarse, el original fue escrito, luego de una vida pobre y vagabunda, en un sótano en París, tan húmedo y lleno de gas carbónico que Grass contrajo una tuberculosis. "Con una exactitud mucho mayor que los procesos de escribir mismos, recuerdo el cuarto donde trabajaba: una agujero húmedo de la planta baja, el cual debió servirme de estudio para las esculturas empezadas, que estaban desmoronándose desde que comenzara a poner por escrito El tambor de hojalata. En cuanto el trabajo con el manuscrito se estancaba, salía por carbón, con dos cubetas", evoca Grass en un texto incluido en su libro "Ensayos sobre literatura".
Así que mucho más allá de la controversia que tuvo Grass por la revelación en su autobiografía "Pelando la cebolla", de que es un veterano luchador de izquierdas que había servido en las SS, una sección del ejército Nazi, siendo adolescente, y que lo había ocultado hasta entonces, todo eso ha quedado olvidado, y no dejará nunca de continuar trascendiendo por su maravillosa literatura que el día de hoy lo lleva a ser nuestro pájaro azul.
Así que mucho más allá de la controversia que tuvo Grass por la revelación en su autobiografía "Pelando la cebolla", de que es un veterano luchador de izquierdas que había servido en las SS, una sección del ejército Nazi, siendo adolescente, y que lo había ocultado hasta entonces, todo eso ha quedado olvidado, y no dejará nunca de continuar trascendiendo por su maravillosa literatura que el día de hoy lo lleva a ser nuestro pájaro azul.
“Ya no volvió. Del hecho de que antes de irse vaciara de un solo trago su vaso de refresco puede deducirse que el vaciar el vaso significa Adiós“.
Lee un fragmento de la novela: "El tambor de hojalata"













4 comentarios:
Excelente!
excelentísimo mi querido amigo... sigue pasando al pájaro azul de vez en cuando.
Me gustó mucho, Jonathan, te mando un abrazo con el polvo correspondiente. Suerte...
Muchas gracias por tu mensaje, tu apoyo, y esos polvos mágicos. También te mando un abrazo y la mejor de las suertes en todo lo que venga. :)
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